jueves, 16 de diciembre de 2010

The Gold Fever

Recuerdo que hace unos años, en una de esas tardes prenavideñas en las que calles y comercios se llenan de luces y todos salimos a pasear atraídos por la fiebre consumista, ojeando escaparates me detuve sorprendida a contemplar una joyería.

Aunque resulte extraño, nunca antes lo había hecho. Sólo miraba los relojes, otra de mis adicciones, que junto a la de los zapatos, le debo a mi padre.

Aquel día, a través del vidrio, descubrí las piezas amarillas, retorcidas, brillantes. Hasta entonces el oro amarillo me evocaba señoras de sesenta años y recuerdos de primera comunión. Ahora veía diseño, estilo, arte. Analicé cada uno de los detalles de las piezas, sus texturas, sus filigranas.

Por aquellos días estaba siguiendo Sex and the City y cuando por la noche me puse a ver la serie, empecé a fijarme en las famosos aros de Carrie con su nombre en horizontal, en su gargantilla -también con su nombre-, en su reloj, en las criollas entorchadas de Amanda que, por cierto, también he visto ultimamente a Carmen Lomana. Todo de oro amarillo.

Mi particular fiebre del oro había comenzado. Ese año, mi regalo de reyes fueron unas criollas lisas de oro amarillo que se han vuelto imprescindibles en mi joyero.


A veces pienso que, por el bien de mi economía, habría sido mejor no haber descubierto el oro. Lo que hago es  reservar la compra de joyas para ocasiones especiales así, además de dolerme menos el gasto, siempre asocio la pieza a un momento especial de mi vida dándole un valor sentimental añadido.  Además me consuelo pensando eso de que las joyas son para toda la vida  porque si la cuidas una joya puede mantenerse casi intacta per saecula saeculorum.

Desde aquella tarde he ido, poquito a poquito, haciéndome con mi pequeña colección de piezas de oro. También he apostado por hacerme con accesorios y bisutería dorados.



Hace dos años, cuando comenzó la tendencia de los relojes retros dorados pensé que estaba hecha a mi medida.


Las piezas que más me gustan son, sin duda, las sortijas. Hace tiempo que tengo dos caprichos que sé que serán difícilmente satisfechos: la sortija Aqua de Carrera y Carrera y la Trinity de Cartier, que combina los tres oros: amarillo, blanco y rosa.




Para terminar mi entrada os dejaré unas fotos de un vestido que me dejó boquiabierta. Lo saca Kylie Minogue en el video-clip de su último single: Get outta my way.



Os sugiero que veáis este vídeo. Además de encantarme la canción porque es de esas que al escucharla se te pone una sonrisa en la cara y te llena de energía, Kylie Minogue está espectacular.

1 comentario:

  1. hola!!Me encantan los relojes y el segundo anillo, vaya chulada ejej tengo que confesar que el oro al principio no me daba mas hasta que me hice con un casio dorado, ahora estoy como loca con el jejejej
    Un saludo

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